Hay varias situaciones por las que un cristal se puede romperse o quebrarse o “desaparecer”:
*Manipulación descuidada (caída, golpe, etc)
*Tras haber realizado transformaciones intensas en nuestro campo energético
*Luego de que otra persona lo haya tocado (incluso horas despues)
*Al entrar en un lugar con energía muy fuerte.
*Cuando nos acompañó por un largo período de tiempo y el ciclo ha llegado a su fin.
Los cristales como la vida misma, cumplen su ciclo. Cuando nos apegamos a sostenerlos- incluso rotos- estamos reafirmando esa frecuencia de merecimiento donde el mensaje es de carencia pero más aún de apego.
Cuanta más resistencia a soltarlos, la invitación a trabajar el apego es mayor.
Algunos cristales vienen a acompañarnos en ciclos largos y otros en procesos más breves, a veces en situaciones puntuales.
Devolverlos a la tierra es un acto que con la intención bien dirigida, nos permite avanzar.
Es de todas, la solución más saludable: devuelvo a su origen lo que me permitió avanzar hasta hoy, y quedo libre y abiert@ a continuar y comenzar un nuevo ciclo donde me abro a recibir nuevos compañeros de ruta.